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FARO 2026: EL AGRO ARGENTINO SE POTENCIA EN MEDIO DE UN MUNDO SIN ÁRBITRO

Casi 400 asistentes participaron en Rosario de una jornada que reunió a especialistas para analizar el nuevo escenario internacional y sus implicancias sobre la producción, las empresas y las exportaciones argentinas.
Locales08/10/2026Renacer RegionalRenacer Regional
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En Rosario se realizó una nueva edición de FARO, el Foro Agroindustrial Argentino de Rosario organizado por AgroActiva y Salones Puerto Norte, que en esta oportunidad reunió a unos 380 asistentes en una jornada de análisis, debate y reflexión sobre los desafíos que enfrenta el agro argentino frente a un escenario internacional cada vez más fragmentado.

Bajo el concepto de “G-Zero”, el encuentro puso sobre la mesa una pregunta que atravesó las distintas exposiciones: ¿cómo producir, invertir y exportar cuando ninguna potencia tiene hoy la capacidad o la voluntad de ordenar el sistema internacional?

La tercera edición de FARO, denominada FARO, Edición AFA, con Agricultores Federados Argentinos como sponsor del naming, reunió a cinco especialistas de distintas disciplinas, que abordaron desde el acuerdo Mercosur-Unión Europea y la geopolítica mundial hasta la estrategia empresarial, la tecnología, la inteligencia artificial y las perspectivas de la economía argentina.

El concepto de G-Zero, acuñado por Ian Bremmer, presidente de Eurasia Group, describe una etapa en la que ninguna de las grandes potencias —Estados Unidos, China o Europa— logra ejercer un liderazgo capaz de ordenar el sistema internacional. La propuesta de FARO fue trasladar ese debate global al territorio productivo.

Mercosur-UE: una oportunidad con nuevas exigencias

El primer eje de análisis estuvo a cargo de Maximiliano Díaz, magíster en Políticas Públicas y socio de Endógena Consultora, quien abordó el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea y su impacto sobre cadenas estratégicas como soja, maíz, bovinos, arroz y miel.

Díaz definió el acuerdo como una oportunidad para la Argentina, aunque advirtió que se trata de un instrumento complejo y mutable. En particular, puso el foco en las posibilidades que abre el acceso a un mercado europeo exigente y de alto valor.

“Es una oportunidad de acceder a un mercado premium, un mercado que paga mejores precios, pero que también es un desafío de dar un salto productivo donde tracemos más lo que hacemos, donde tengamos un impacto ambiental menor, donde podamos tener también mejores márgenes en el productor primario, que toda la cadena gane”, señaló.

Uno de los puntos destacados de su análisis fue la reducción de los derechos de exportación para la soja con destino a la Unión Europea, que Argentina se comprometió a llevar al 14%. Para el disertante, esa modificación representa un plus de rentabilidad significativo para una de las principales cadenas exportadoras del país.

Sin embargo, remarcó que el desafío no termina en la apertura comercial. La posibilidad de acceder a un mercado premium implica responder a mayores exigencias de calidad, trazabilidad y certificación.

En ese sentido, señaló que la presión ambiental y sanitaria europea disminuyó respecto de acuerdos anteriores, aunque consideró fundamental que la Argentina participe activamente de los comités técnicos para defender los intereses del sector agropecuario. La oportunidad exportadora queda así asociada a un proceso de transformación productiva.

Un mundo sin árbitro

El segundo expositor fue Andrés Malamud, politólogo de la Universidad de Lisboa y especialista en política comparada y relaciones internacionales, quien profundizó sobre el concepto que dio identidad a esta edición de FARO: el mundo G-Zero.

Su diagnóstico partió de una premisa: el escenario internacional atraviesa una etapa de creciente conflictividad en la que los mecanismos tradicionales de arbitraje pierden capacidad de ordenar las disputas entre países.

“Los problemas se tienen que resolver por la fuerza de uno o por el acuerdo de dos, no por la decisión independiente neutra de un tercero. No hay referí, no hay juez y por lo tanto es la fuerza o la diplomacia”, sostuvo Malamud.

Para el especialista, la diplomacia aparece entonces como una alternativa frente a la ausencia de instituciones capaces de hacer cumplir reglas compartidas. “La diplomacia es un sustituto cuando no tenés un juez. Si hay tribunales arbitrales funcionando en la Organización Mundial de Comercio, no tenés que negociar nada. Hay una regla y hay una persona que la hace cumplir. Eso es lo que falta hoy”.

Malamud también cuestionó el comportamiento de las grandes potencias y alertó sobre el riesgo de que la violencia termine desplazando a la negociación como mecanismo de resolución de conflictos. En ese contexto, la incertidumbre internacional adquiere efectos directos sobre las decisiones económicas y comerciales.

Al abordar la posición argentina, destacó el equilibrio fiscal como una de las principales fortalezas de la política económica, aunque advirtió sobre la limitación asociada a la reputación histórica del país. También planteó una particular lectura sobre la distancia: “Lo que siempre nos perjudicó hoy nos beneficia, que es la distancia. La distancia era cara y hoy la distancia es segura”, ponderó.

Competir con eficiencia

La mirada empresarial estuvo a cargo de Roberto Vassolo, profesor de Estrategia del IAE Business School, quien analizó cómo las reformas estructurales de los últimos dos años modificaron las condiciones de competitividad de las empresas argentinas.

Su planteo partió de una condición básica para cualquier empresa que pretenda competir en mercados internacionales: la eficiencia.

“Por más que el mundo parezca que tiene tantas revoluciones, hay algunas reglas para competir en un mundo abierto que no se pueden escapar, empezando porque es un mundo que te va a demandar muchísima eficiencia, te va a demandar muchísimo foco en la productividad”, manifestó

Para Vassolo, incluso en un escenario atravesado por barreras arancelarias y modificaciones constantes, existe una regla que permanece vigente: para sobrevivir hay que ser eficiente.

En el caso argentino, sostuvo que las empresas con menor escala relativa deben buscar mecanismos para apropiarse de mayor valor y diferenciarse. Esa estrategia puede pasar por generar marca, desarrollar cercanía con el cliente o invertir en investigación y desarrollo.

La competitividad, desde esta mirada, deja de ser una cuestión exclusivamente vinculada con el precio. La capacidad de diferenciarse, conocer al cliente y sostener procesos eficientes puede resultar determinante para competir en mercados abiertos.

Tecnología, confianza e inteligencia artificial

La tecnología ocupó otro de los espacios centrales de FARO 2026. Juan Pablo Cosentino, especialista en tecnología e innovación, propuso una transformación profunda en la forma en que las organizaciones y el sector productivo conciben la digitalización.

 “Propusimos una mirada más que de escudo, de fragua; de que la tecnología pueda servir tanto defensivamente como proactivamente a desarrollar herramientas y capacidades para generar valor”, explicó.

Esta transición demanda también un cambio estructural: pasar de la mirada intraorganizacional a un enfoque ecosistémico. El desafío, según Cosentino, consiste en dejar atrás la concepción de una “cadena lineal donde tengo eslabones con distintos grados de adopción tecnológica y de madurez” para construir un esquema donde “el eslabón débil está apoyado en eslabones más fuertes que pueden ayudar a sostenerlo ante un embate del entorno”.

Para lograrlo, remarcó el valor de la confianza como condición para compartir información y construir respuestas colectivas. “La confianza es un poco el eje que permite que haya un ecosistema donde yo pueda compartir datos para actuar como una fragua y generar nuevas respuestas a problemas que existen o no existen”, indicó.

Al abordar la inteligencia artificial, particularmente en el sector agropecuario, diferenció entre los modelos predictivos tradicionales y la vertiente generativa. Frente a esta última, advirtió sobre el peligro de construir herramientas débiles a partir de datos endebles o de una falta de dominio temático.

“Cuando abundan las respuestas, el desafío está en tener el mejor criterio para elegirlas”, planteó. Asimismo, instó a tener cautela y “no delegar cognitivamente”, al recordar que estos sistemas “no buscan la verdad, sino que buscan la respuesta que más se acerque a ella o la respuesta más plausible”.

Finalmente, matizó los temores colectivos respecto al futuro de la inteligencia artificial e identificó riesgos tecnológicos genuinos, dinámicas de mercado y posibles justificaciones corporativas ante metas económicas no cumplidas.

“Si yo no estoy dando los resultados que prometo dar a los inversores, una excusa puede llegar a decir: ‘Bueno, me están frenando o estoy frenando por el bien de la humanidad’”, aclaró.

La economía argentina ante el nuevo escenario

El cierre de las exposiciones estuvo a cargo de Santiago Giraud, economista y responsable de Macroeconomía del Área de Economía de CREA, quien analizó el nuevo contexto para las empresas agropecuarias y los principales desafíos que presenta la economía argentina.

La mirada macroeconómica permitió completar el mapa planteado durante toda la jornada: un productor y una empresa agropecuaria que deben tomar decisiones en un contexto internacional más incierto, con cambios en las reglas comerciales y financieras y con una economía argentina que atraviesa su propio proceso de transformación.

“El cambio de modelo en la Argentina deja al campo en las mismas condiciones de mercado que otros sectores, aunque cuesta más llegar a una estabilidad en el sector agropecuario”, destacó.

La afirmación puso sobre la mesa la necesidad de construir condiciones de estabilidad que permitan planificar inversiones y decisiones productivas. En actividades donde los ciclos son extensos y las decisiones comprometen recursos durante meses o años, la previsibilidad constituye un componente esencial de la competitividad.

El escenario internacional agrega nuevas variables a ese proceso. Las empresas agropecuarias no solamente deben observar precios, costos y condiciones climáticas, sino también seguir las transformaciones de los mercados internacionales, las políticas comerciales, las tensiones geopolíticas y los requerimientos de los consumidores.

En ese contexto, el debate de FARO buscó ampliar la mirada más allá de la coyuntura. La discusión sobre el futuro del agro argentino no puede quedar restringida a una variable económica puntual, porque las decisiones productivas están cada vez más vinculadas con factores políticos, tecnológicos y comerciales.

Santa Fe, en el centro de la agenda exportadora

La apertura institucional de FARO estuvo a cargo del ministro de Desarrollo Productivo de Santa Fe, Gustavo Puccini, quien puso en valor el peso estratégico de la provincia dentro del comercio internacional argentino.

El funcionario destacó que durante 2025 el cordón portuario santafesino movilizó 75,7 millones de toneladas, superando los registros de puertos de referencia internacional como Nueva Orleans y Santos.

“En tan solo 70 km, entre Arroyo Seco y Timbúes, se exporta casi el 76% de lo que exporta la República Argentina”, señaló.

Puccini vinculó esa capacidad exportadora con el entramado productivo provincial, integrado por más de 20.000 productores agropecuarios, 2.100 cooperativas y 3.000 tambos.

Al mismo tiempo, puso el foco en la presión tributaria que enfrenta el sector y reclamó una reducción de los derechos de exportación. “Imagínense cuánto podríamos hacer si no tuviésemos retenciones; pudiésemos generar muchísimo más y ser más competitivos”, insistió.

El ministro también repasó las medidas implementadas desde la provincia, entre ellas un alivio fiscal de hasta 50.000 millones de pesos, un plan de infraestructura por 2.500 millones de dólares y líneas de crédito específicas por 25.000 millones de pesos a través del Mercado Argentino de Valores.

Durante su intervención, Puccini también anunció una ronda de negocios que se realizará el 29 de octubre en La Fluvial de Rosario, con la participación de 40 empresas mineras.

El objetivo será vincular a compañías que buscan proveedores con empresas santafesinas capaces de ofrecer bienes, servicios, ingeniería y logística para los proyectos que se desarrollan bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).

Según detalló, de las 1.000 empresas registradas para insertarse como proveedoras, unas 600 son de Santa Fe. “La única manera de salir adelante es produciendo: es con el campo, es con la industria y con la ciencia y la tecnología”, sentenció el representante del Gobierno de Santa Fe en Faro.

La diversificación productiva apareció así como otro de los ejes de una provincia que busca aprovechar sus capacidades industriales, agropecuarias, científicas y logísticas para ampliar su participación en los mercados internacionales.

FARO, un espacio para pensar el futuro

La directora general de AgroActiva, Rosana Nardi, destacó durante la apertura el valor del encuentro entre los distintos actores de la comunidad agropecuaria y reivindicó a FARO como un espacio destinado a compartir conocimiento y construir una mirada colectiva sobre el futuro.

“Sabemos lo que pasa cuando nuestra comunidad, la comunidad del campo argentino, se encuentra, aparecen ideas, se hacen negocios, el encuentro siempre nos hace crecer”, resaltó.

En esa línea, explicó el sentido de esta tercera edición: “Por eso creamos Faro y en esta tercera edición como una manera más, como un lugar donde compartir conocimiento, un espacio para construir el futuro”.

Rosy también agradeció el acompañamiento de la comunidad agropecuaria durante los 33 años de trayectoria de AgroActiva y destacó el vínculo construido con el sector.

“Por eso también agradecer a nuestra comunidad como una forma también de reconocimiento por este acompañamiento en nuestros 33 años de trayectoria, esta comunidad de campo que nos hizo grandes y que nos sigue acompañando”, ponderó.

El encuentro fue declarado de interés municipal por el Honorable Concejo Deliberante de Rosario, distinción que fue entregada a Rosana Nardi en manos del concejal Fabrizio Fiatti.

FARO 2026 cerró una jornada que buscó mirar más allá de la coyuntura inmediata y poner al agro argentino frente a una transformación de alcance global. En un mundo con menos certezas, más disputas comerciales y nuevas reglas tecnológicas, la discusión ya no pasa solamente por cuánto producir, sino por cómo competir, cómo diferenciarse y cómo construir confianza para seguir exportando.

La idea de un mundo sin árbitro funcionó como punto de partida para una discusión que terminó abarcando mucho más que la geopolítica. Si las reglas internacionales son menos previsibles, las empresas necesitan ser más eficientes; si los mercados demandan mayor información, las cadenas deben fortalecer la trazabilidad; si la inteligencia artificial multiplica las respuestas disponibles, será necesario desarrollar mejores criterios para utilizarlas; y si aparecen nuevas oportunidades comerciales, el desafío será contar con la capacidad productiva necesaria para aprovecharlas.

En ese cruce entre incertidumbre y oportunidad se ubicó el mensaje central de FARO 2026: el agro argentino enfrenta un escenario internacional más complejo, pero también dispone de capacidades productivas, tecnológicas y empresariales para participar de esa transformación.

 

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